Re-visiones #8

Dossier

Indisciplinar la lengua. Políticas de fuga y resistencia cuir y ciborg

Pedro Tadeo Cervantes García (tad.cerv.8@gmail.com)

Universidad Nacional Autónoma de México


Resumen

La Lengua, para su ficcionalización como unitaria y mayor, funciona con una serie de mecanismos que regulan su uso. Su implementación es resultado de toda una serie de violencias coloniales que prescriben los lugares asignados para cierto tipo de corporalidades dentro del campo social, una matriz de orden fonética, visual y somática. ¿Qué agenciamientos podemos hacer dentro de la lengua? ¿Cómo podemos indisciplinarla y torcerla? Hallamos dos estrategias. La primera son las políticas cuir, ellas generan una tensión política con estos sistemas mayoritarios al mostrar los agenciamientos minoritarios que realizan lxs subalternxs. La segunda consiste en mostrar cómo los feminismos cyborg nos ayudan a pensar nuevos relatos, y, por lo tanto, resistencias frente a la narrativa médica y la enfermedad como estigma, específicamente las maricas contagiadas de VIH/SIDA. Usaremos a Pedro Lemebel como síntesis de ambas estrategias, quien a través de sus crónicas de sidario (1996) nos muestra las resistencias de las minorías sexuales en Chile.

Palabras clave

Lengua; queer; cuir; cyborg; VIH/SIDA.


Introducción

El presente texto busca exponer en primer lugar cómo funciona la Lengua1. Al entender sus efectos, se mostrarán dos estrategias que ayudan a las corporalidades a generar una resistencia frente a sus operaciones lingüístico-políticas. Sobre todo, nos ocuparemos de las fugas posibles a las narrativas heterosexuales y médico-militares del VIH/SIDA. Para esta tarea encontramos dos elementos: lx cuir2 y lo cyborg. También usaremos una síntesis de estos dos componentes, las Crónicas de sidario (1996) de Pedro Lemebel, las cuales nos muestran cómo las minorías sexuales chilenas, mediante apropiaciones del lenguaje y el humor, hacen frente al Lenguaje Hegemónico.

Políticas de La Lengua

Comenzaremos por mostrar las implicaciones de hablar un Lenguaje3, y la vinculación de estos efectos hacia los sujetos que lo hablan. Existe una ficción en la lengua de pretenderse como única, esta se impone mediante procesos de violencia y disciplinamientos coloniales que buscan homogeneizar los modos de hablar o tratan de producir un modo correcto del habla. Lo primero se explica porque en efecto no se puede hablar de una lengua más que en sus propias palabras. Como nos menciona Derrida (1997, p.  36): “Sólo se puede hablar de una lengua en esa lengua. Aunque sea poniéndola fuera de sí misma”.  Esto tiene como efecto que toda lengua es en cierto sentido intraducible. Del mismo modo, si una lengua opera y se distingue de otra es porque esta construye su propio marco de referencia en sus palabras y sus formas, que la hacen ser eso que es y no otra cosa. O sea, para hablar una lengua solo se puede hablar de ella en sus propios términos. Aunque se quisiera hablar de ella en otras palabras, gramáticas o narrativas, para explicarla se requeriría de sus propias formalidades para poder comprender lo que se quiere decir. En ese sentido la lengua es solo una.

Pero no podemos reducirlo solo a la unicidad, ya que una característica constitutiva de todo lenguaje es que este es uno, que no nos pertenece y al mismo tiempo que no es solo uno (Derrida, 1997, p.19).  Es decir, no hay una única forma de un lenguaje, siempre está plagado de singularidades, maneras propias de decir determinadas por contextos específicos, por grupos particulares de sujetos que crean singularidades en el lenguaje: neologismos, contaminación de otros idiomas, gestos, poesía, traducciones, deformaciones en su estructura, el habla mismo. Qué es una lengua sino la variación de otra lengua que se nutre de diferentes pueblos.

Para que la lengua se imponga como una y borre su multiplicidad, hay toda una gramática que conmina el modo correcto de hablar, que logra que esta se ficcionalice como una. Este efecto político se logra a través de procesos de colonización.

El monolingüismo impuesto por el otro opera fundándose en ese fondo, aquí por una soberanía de esencia siempre colonial y que tiende, reprimible e irreprimiblemente, a reducir las lenguas al Uno, es decir a la hegemonía de lo homogéneo. (Derrida, 1997, p.58)

Esta hegemonía comienza desde episodios relacionados con las conquistas de territorios, las cuales borran las lenguas anteriores para hacer que se hable la lengua del colono. Pasan también por las academias, las cuales buscan circunscribir al lenguaje en la configuración que ellas determinan. También es notable en los procesos interiores de cada Estado-nación que, en su afán de constituirse como “uno”, someten a los demás a su forma del habla nacional.

Someter a las lenguas a un disciplinamiento del uno, hacerlas parecer como únicas, intentar borrar su diferencia, buscar su naturalidad, su pureza. Estos efectos lo que hacen es llevar el lenguaje a su muerte.

Hay otra muerte que es simple banalización, la trivialización de la lengua. Y luego hay otra muerte que es aquella que no puede advenir la lengua sino a causa de lo que es, es decir: repetición, aletargamiento, mecanización, etc. (Derrida, 2001)

La lengua, para vivir, necesita de flujos de singularización. Para hacerla sobre-vivir, para hablarla, necesitamos contaminarla, indisciplinarla, hacer de esa lengua nuestra propia lengua, hendir hasta marcar con nuestras palabras al lenguaje.

A pesar de que para hablar se requiere de un proceso de apropiación, la violencia colonial del lenguaje quiere mostrar como si el habla le fuera propio, como si naturalmente viniera de ello, y no de otro que se lo enseña, o que se lo impone. 

Pero entonces, si ésta es natural, ¿cómo explicar la existencia de las instituciones que se dedican a la enseñanza de la lengua? ¿Por qué la exigencia de apropiarse de aquello que supuestamente es natural? ¿Cómo entender los discursos pedagógicos sobre el buen uso de la lengua, que no son menos políticos? (Jerade, 2015, p. 669)

En su mismo afán de mostrar una unicidad, de querer enseñarla, radica su contradicción. Ya que este proceso educativo muestra su impropiedad, su pretensión de naturalidad. Esa intención de esencialidad está acompañada de un gesto que busca borrar su propia historicidad. Si existe algo como la propiedad, esto implicaría que estaría vinculada con una configuración específica de esos que hablan ese lenguaje, por una forma dada que solo les pertenece a ellos. Para que la lengua siga viva, requiere contaminarse. Solo mediante el disciplinamiento y su/la violencia es que esa forma única del habla se impone sobre la otredad.  No puede permanecer en un grupo específico, no puede ser monolítica y estática, porque requiere de mutaciones y de circulaciones, de flujos para su existencia. Para hablarse necesita de reapropiaciones, que los otros la hagan suya, o más bien, que nunca terminen de hacerla suya.

El lenguaje no solo opera en un campo del orden de la idealidad. También funciona en el orden de lo material. Tiene una materialidad que le es propia.

Porque hay otro orden de materialidad que es el del lenguaje, un orden que está trabajado de arriba abajo por estos conceptos estratégicos. Este orden, a su vez, está directamente conectado con el campo político en el que todo cuanto atañe al lenguaje, a la ciencia y al pensamiento, remite a la persona en cuanto subjetividad, y a su relación con la sociedad. (Wittig, 2006, p. 54)

En un sentido está vinculado con una literalidad de lo matérico, es decir, está impresa en diccionarios, en papel, en señalética, está materialmente en varios productos culturales. También cuando decimos algo, lo dicho golpea sobre los cuerpos. Las ofensas y los halagos hacen cosas en el cuerpo, esa evidencia de la lengua se expresa en lágrimas, en sonrisas, en gestos. Su materialidad radica en la expresividad de las corporalidades. Se enuncia tal o cual circunstancia mediante la disposición de las corporalidades en cierta manera, pues no solo es lengua lo que hablan también los cuerpos. Su influjo material no se acaba ahí, el lenguaje crea modos de nombrar a lo otro. Estos modos afectan a una corporalidad en relación con la sociedad.

Ese nombre que nos es dado puede ser apelativo u ofensivo. Abre heridas de herencia históricas, hace una jerarquía del que nominaliza frente al que está siendo nominalizado, y así se reitera la posición de ambos en la sociedad.

Lo político del lenguaje se relaciona con una violencia de herencia colonial que busca imponerse sobre otros. También en una ficción de propiedad y naturalización. A pesar de que sí hay una unicidad en la lengua, al mismo tiempo es múltiple, plagada de muchos otros lenguajes, una lengua es muchas lenguas. Hace cosas, tiene una materialidad que se vincula con los cuerpos, con las heridas o los goces, con las posiciones generadas en el campo de lo social. Entonces tenemos una responsabilidad con la lengua, su sobrevivencia está en nuestras manos (Morrison, 1993).

Necesitamos de contrapolíticas lingüísticas que nos ayuden a indisciplinar la lengua, a hacerla decir otras cosas, a contaminarla, a que sea un acontecimiento dentro de ella misma, resistencia y fuga de esos cuerpos cuya nominalización ha sido subordinada como minoría. Para esto buscamos proponer dos agentes: lx cuir4 y lo cyborg.

Hablamos en lengua cuir o torcemos la lengua

Nuestro lenguaje también es inaudible. Hablamos en lenguas como las repudiadas y las locas.

El hombre blanco habla […] Deja de hablar en lenguas. Deja de escribir con la mano zurda.

Gloria Anzaldúa (1998, p. 220-221)

Frente a las operaciones políticas mencionadas anteriormente, hay configuraciones que nos ayudarían a deshacer lo unitario de la lengua, a mostrar cómo podemos apropiarnos de ella, borrar las posiciones sociales que se marcan cuando se nombra al otro, a desnaturalizarlas. El recurso que se nos ocurre es lx cuir. Este concepto lo definimos como una torsión que se hace en la lengua (heterosexual). Esta deformación en el lenguaje puede hacer entrar a una lengua mayor en otro flujo, uno minoritario. Lograr que esos silenciados puedan hablar, no solo ellxs, incluso que el lenguaje mismo diga. Ese giro también tiene la posibilidad de no ser una fuga; sino revirarse hacia dentro de sí, hacia la hegemonía misma. Intentar constituirse como Unidad, como mayoría, solidificarse monolíticamente. Lx cuir es una heredera bastarda de la queer theory.

Cuir se propone como la derivación impropia/ desviada del término queer […]  desviación que busca por un lado afirmarse como lengua legitima, que reta a los sistemas de enunciación hegemónica […] que opongan resistencia verbal, local exuberante y construyan un pidgin que nos permita hablar en lenguas, a la manera que proponía Anzaldúa. (Valencia, 2014)

Un agente que nos permite hacer que la Lengua unitaria se descomponga y devenga multiplicidad. Retorcer el lenguaje de los cuerpos, autonombrarse y también nominalizar sus propios códigos, inventar sus palabras. Un espacio habitable, un cuerpo habitable. A continuación, nos ocuparemos de mostrar la funcionalidad del cuir en la lengua.

Por lengua, como ya vimos cuando mostrábamos su materialidad, no solo debemos entender que hay lenguajes como el de la heterosexualidad. Esta comprende varios niveles de operación: uno que trabaja al nivel de las narratividades habladas y escritas. Otro que se compone de códigos visuales que van desde objetos definidos para un grupo, hasta mandatos corporales (cierto órgano pertenece a cierto cuerpo, cierta forma de la piel a este otro). Además, hay una intención de funcionar no solo en múltiples niveles, sino en todos, es el intento de querer presentarse como universalizante.

Esta tendencia a la universalidad tiene como consecuencia que el pensamiento heterosexual es incapaz de concebir una cultura, una sociedad, en la que la heterosexualidad no ordenara no sólo todas las relaciones humanas, sino su producción de conceptos al mismo tiempo que todos los procesos que escapan a la conciencia. (Wittig, 2006, p. 52)

La heterosexualidad entonces no debe ser entendida solamente como la relación sexo-afectiva entre un hombre y una mujer; sino como una Lengua que tiene una narrativa unitaria y totalizante, que busca ordenar la vida, la sociedad, la visualidad, lo hablado y lo escrito, etc. Esto se hace mediante polos de oposición: hombre-mujer, masculino-femenino, heterosexual-homosexual. Donde esa relación produce violentamente a un otro, o la violencia hacia el otro. Matriza las relaciones sociales en las que esta Lengua dominante o del dominador pretende imponerse como natural, unitaria, propia de ciertos cuerpos.

Al igual que toda lengua, la heterosexualidad aspira a una cierta ficción de propiedad, de naturalización, de unificación. Debido a que los sujetos que la hablan se pretenden naturalmente como hombres, mujeres, homosexuales, etc. Al realizar esta operación se borran las historicidades vinculadas a esas subjetividades que hacen posible su identificación. Ese intento de la lengua heterosexual de consolidarse como la Unidad es lo que muestra su multiplicidad, su ficcionalidad, su impropiedad. Para mantener su esencialidad, la heterosexualidad necesita de la homofobia.

Precisamente porque la homofobia con frecuencia opera atribuyendo a los homosexuales un género perjudicado, fracasado o, de lo contrario, abyecto, esto es, llamando a los hombres gay "afeminados" y a las lesbianas "marimachas", y porque el terror homofóbico a realizar actos homosexuales cuando se da  frecuentemente coincide con un horror a perder el género apropiado ("Ya no ser un verdadero hombre o un hombre hecho y derecho" o "dejar de ser una verdadera mujer o una mujer adecuada") […] (Butler, 2012, p. 334)

¿Por qué un cuerpo que se pretende como hetero o heteronormado tendría miedo de perder su género si este le es propio o le es natural? ¿Por qué si la heterosexualidad, como lengua, es algo que le es propio, habría la necesidad de reiterarse continuamente, de autoafirmarse? Es justo en este gesto, en el cual la heterosexualidad intenta unificarse y generar violencias apropiadoras del mundo, donde podemos ver la ficcionalización de la lengua y ahí aparece su posible torcedura. Porque al mostrar su no-unicidad es también la posibilidad de enseñar que otras lenguas existen, que otras singularidades lingüísticas existen. Esta es una de las tareas que lx cuir se ha propuesto, exponer que la lengua heterosexual no es única, ni natural, que el género, con su binarización y estéticas, es ficticio. Son estos gestos narrativos quienes crean singularidades en la lengua heterosexual; no solo eso, también generan una lengua propia. Estas, no se reducen solo a gestos expresivos, palabras, nuevas visualidades, nuevas materialidades, sino que es condición de otra vida, de la existencia en lo social de otros cuerpos, que intentan no ser destruidxs.

Lx cuir trabaja al tensionar las codificaciones lingüísticas. Indisciplina las formas del lenguaje. Lo hace en lo escrito y lo hablado; agrega una x o *  en el lugar en el que debería de colocarse una vocal para indicar el género. Pone otros sonidos en el habla para borrar el sexo asignado, para que una cuerpa se nombre en el lenguaje, se dé una existencia en el campo social, se haga presente. También opera en la producción de visualidades. Modifica las imágenes asignadas para cierto tipo de subjetividades. Colorea con labial la piel que se pretendía sobria. Lx cuir es una poiesis de las corporalidades: mutar, modificar, crear, inventar.

[…] inventa por lo tanto en tu lengua si puedes o quieres entender la mía, inventa si puedes o quieres hacer entender mi lengua como la tuya, allí donde el acontecimiento de su prosodia no sucede más que una vez en su hogar, allí mismo donde su “en su hogar” molesta a los cohabitantes, los conciudadanos, los compatriotas […]. (Derrida, 1997, p. 80)

Para poder hablar una lengua necesitamos apropiárnosla o es necesario apropiársela, eso solo es posible con las invenciones que hacemos al lenguaje. Para tener existencia social se tiene que forzar a las gramáticas de género, raciales, heterosexuales, etc. Entonces lx cuir es una poética ya que nos ayudará a la creación de agentes lingüísticos otros que lo que hacen es apropiarse de una lengua, de ese gesto de poder hablar, nombrarnos, existir en el campo de lo social.

Otra manera en la cual lx cuir nos ayuda a indisciplinar el lenguaje es cuando se cambian los nombres que nos son asignados. La heterosexualidad en su operatividad lingüística reitera las jerarquias al matrizar las diferencias, al herir lo no hetero con palabras ofensivas, al nominalizar la otredad. Genealógicamente nuestro agente indisciplinador proviene de esta tensión con la lengua5, ya que lo queer era un insulto. El gesto agenciador que se hace es apropiarse del lenguaje del odio, y al hacer esto cambia su significado hiriente. La corporalidad hace suya la herida, hace habitable el lugar del dolor. Se quiebran los significados hegemónicos y se originan otros. Nunca terminaremos de apropiarnos del lenguaje; ya que como hemos mostrado, el lenguaje no le es propio a nadie. Eso sería una ficcionalización de unidad, de propiedad, señalando las maneras correctas de hablar cuir. Que nadie posea a lx cuir permite que las resistencias y fugas generadas a la lengua no se queden en una corporalidad específica, sino que otras hagan estas singularidades como suyas. Las torsiones, como la perfomatividad misma del lenguaje, están en un continuum. Un devenir donde la fuerza de su resistencia proviene de su reiteración. Habitamos el mundo en tanto generamos un lenguaje en el Lenguaje.

En resumen, lx cuir indisciplina la lengua porque muestra que no hay una única lengua que se pretende como universal y dominante, sino muchas lenguas dentro de ese mismo lenguaje, a la vez, fuera de él. También porque inventa nuevas maneras de nominalización para los cuerpos que no tienen una existencia en el lenguaje. Se hacen existir, se nombran. Nuestro agente indisciplinador transforma los lugares sociales que le son asignados mediante la reapropiación de los insultos. Eso que tú me dices no significa eso, no soy eso, ese lugar que me das es otro. Un acontecimiento narrativo.

 

Las cyborgs maricas sidadas6

La pretensión de unicidad y de apropiación se establece en otro tipo de lenguajes, como hemos reiterado en el texto. Uno de ellos es el lenguaje médico, que pretende ficcionalizarse como una narrativa única sobre las corporalidades. Construye la manera en cómo la enfermedad debe de ser descrita. La gramática de la sanidad no es algo que se quede solo en la medicina, sino que permea todo el campo de lo social. Hay ficciones clínicas de las que tendríamos que ocuparnos urgentemente, ya que su impacto nos golpea con mayor fuerza. Uno de esos relatos es la estructuración enunciativa que ha hecho la clínica sobre el VIH/SIDA. Mostraremos los efectos de esta lengua; también las fugas y resistencias posibles. Encontramos dos contradiscursividades que ayudan a la creación de otros significantes, las crónicas de Pedro Lemebel y el feminismo cyborg de Donna Haraway.

La cuestión principal que encontramos en La Lengua clínica es que estas narrativas describen un problema médico como si fuera un problema militar. Ya que la enfermedad se narra como algo a eliminar, erradicar, como una invasión.

Más grosera es la metáfora [militar] que sobrevive aún en los cursos de la sanidad pública donde habitualmente se describe a la enfermedad como una invasora de la sociedad, y a los esfuerzos por reducir la mortalidad de una determinada enfermedad se les denomina pelea, lucha, guerra. (Sontag, 2016, p. 52)

La discursividad bélica en la clínica construye un estigma que impacta en la vida de los enfermos. La narrativa médica es una  serie de enunciados performativos que tiene como efecto la sobredimensionalidad de un padecimiento.  El cuerpo es afectado no solamente por la enfermedad, también por la gramática que existe alrededor de ella. La escala de lo que está dañado en las corporalidades cobra otro sentido y la capacidad de agencia de los afectados disminuye. El paciente recae sobre el poder lingüístico de lo que el doctor dice. Donde lo que se debe buscar es que el que padece también busque hacer suyo ese lenguaje, busque una manera activa de responder a lo que le es dicho.

El SIDA, a diferencia de otras enfermedades, como el cáncer, es provocado por un agente externo. Algo distinto al cuerpo que se hospeda en él y que lo daña. Afectando al cuerpo social e individual. El SIDA es un extranjero en el cuerpo. La construcción de la diferencia.

La metáfora militar sirve para describir una enfermedad particularmente temida como se teme al extranjero, al “otro”, al igual que al enemigo en la guerra moderna; y el salto que media entre demonizar la enfermedad y achacar al paciente es inevitable. (Sontag, 2016, p. 53)

La otredad es lo que hay entre el cuerpo humano y un agente que lo invade, el enfermo que contamina la sociedad. No solo hay una fantasía de un agente externo que invade lo somático, sino todo un mito de origen que proviene de una otredad no occidental, no blanca, no heterosexual: ya que son las maricas las responsables del VIH/SIDA, y en el imaginario social de esta enfermedad es algo que procede de los monos, los africanos (Sontag, 2016).

La lengua, como propia y unitaria, también teme al extranjero, se resiste a la polución de su lenguaje, al igual que la heterosexualidad teme contaminarse por los homosexuales. La violencia a la otredad se hace posible por esta paranoia política. Pues son esos otros, el extranjero, el incivilizado, quienes no hablan como “nosotros”.  En ese mismo afán de fronterizar a la diferencia coinciden, de estar alertas a toda posible invasión, la Lengua, la gramática médica y la heterosexualidad.

Otro de los traumas es el de perder la forma humana, la enfermedad es deshumanizadora. Deshace el cuerpo, lo modifica. El humano con ayuda del poder médico se conforma como el modo de ser posible de toda corporalidad. Borra las huellas de su historicidad, de su fabricación.

Entonces, el humanismo inventó un cuerpo distinto al que llamó humano: un cuerpo soberano, blanco, heterosexual, sano, seminal. Un cuerpo estratificado y lleno de órganos, lleno de capital, cuyos gestos son cronometrados y cuyos deseos son los efectos de la tecnología necropolítica del placer. (Preciado, 2014)

Lo humano es contrario a la enfermedad, a lo marica, a las sidosas. Sinónimo de vitalidad y potencia, de blanquitud. Su configuración se traduce como un mandato: hay que evitar, erradicar, controlar, educar, civilizar la diferencia, lo no-humano. El cuerpo del sidoso busca traducirse como algo que queda fuera de esta organicidad soberana. La huella de esa contaminación se escudriña sobre su cuerpo, busca identificarse, desrostrificarse.

Las enfermedades más aterradoras son las que parecen no sólo letales sino deshumanizadoras, en un sentido literal […]. Al contrario, son los estigmas de un sobreviviente. Las marcas en la cara de un leproso, de un sifilítico, de alguien que tenga el sida, son los signos de una mutación progresiva, de una descomposición: algo. (Sontag, 2016, p. 67)

Los rastros de la desviación son buscados, estas huellas se ficcionalizan de tal modo que pareciera que esa otredad corresponde a una diferente especie. Rumores de desviación, de incivilización, de peligro, de culpa, recaen sobre el enfermo. Su huella deshumanizante lo hace pertenecer a una “comunidad de parias”. Se le segrega, se excluye del campo social.
Como toda construcción lingüística, encontramos mecanismos de resistencia y fuga. Dos formas que hallamos como tecnologías narrativas frente al poder médico son el concepto de cyborg propuesto por Donna Haraway y las crónicas de sidario de Pedro Lemebel. Ambas nos ayudan a pensar otra forma de existencia.

“La vitalidad del lenguaje reside en su habilidad para pintar lo actual, las vidas imaginadas y posibles de sus hablantes, lectores, escritores” (Morrison, 1993). Una poética de apertura de lo social, una singularidad que hace fluir no solo el lenguaje mismo, sino la vida misma de aquellos que lo hablan.

Primero, al tomar el concepto de cyborg, lo que proponemos ahora es construir otra narrativa que haga frente al poder médico que intenta totalizar las descripciones de las personas con VIH/SIDA. Para demostrar nuestra ficción política debemos de ver cómo es que Donna Haraway caracteriza a lo cyborg. Ella lo nombra como: “un híbrido de 'máquina y organismo” (Haraway, 1991, p. 254), además agrega lo siguiente: “Estoy argumentando en favor del cyborg como una ficción que abarca nuestra realidad social y corporal y como un recurso imaginativo sugerente de acoplamientos muy fructíferos” (Haraway, 1991, p. 254). Por lo tanto, se define como un cuerpo que es una mezcla entre algo tecnológico y algo orgánico. El cuerpo de la marica con VIH/SIDA reverbera con la discursividad propuesta por la filósofa feminista. Debido a que este está en esa relación, e incluso de ello depende su sobrevivencia, ya que sin estas incorporaciones podría morirse. Ella necesita de distintos dispositivos médicos, acoplamientos tecnológicos: jeringas con las que se inyectaba dosis de AZT7, pastillas de truvada, sustancias farmacológicas como el Prep. Estas prótesis nos ayudan a identificarla como una corporalidad cyborg. Además de los aditamentos clínicos utiliza mecanismos que construyen eso que es, que narran otra posibilidad de su cuerpo que no es la de un lenguaje heterosexual: siliconas, pelucas, tacones, brillantina8. La marica con VIH/SIDA, como vimos anteriormente, experimenta una tensión con lo animal, su cuerpo es modificado por la enfermedad, su rostro comienza a deshumanizarse. Por lo tanto, es un híbrido entre máquina y organismo porque para su existencia, no solo social sino vital, requiere de distintos acoplamientos tecnorgánicos, que de no ser por ellos sería imposible su vida.

Lo cyborg construye otra metáfora del cuerpo, distinta a la (des)humanización propuesta por la medicina. Esta narrativa blasfematoria política pretende borrar las fronteras ontológicas. El cuerpo sidático no es muy distinto a un cuerpo cyborg, un acoplamiento entre humano, animal y máquina. Nuestra ficción política puede ser extensiva, no solo a las maricas con VIH/SIDA, sino a toda corporalidad: todos somos cyborgs. Es decir, todos requerimos de distintos tipos de prótesis técnicas que son necesarias para nuestra existencia: medicamentos, computadoras, celulares, etc. Esta forma de narración, con la precaución de deshacerla si es necesario para impedir su totalización, nos ayuda a narrar que no hay una forma única de lo humano, ni siquiera existe tal ficción, sino que somos corporalidades con distintos acoplamientos tecnorgánicos. Cada subjetividad tendrá las prótesis (bio)tecnológicas necesarias que requiere para vivir y para aumentar sus potencias. Algunos necesitan de sustancias como el café para la escritura de un texto, del alcohol para la socialización, del misoprostol, de la sertralina, de un celular. No hay como tal algo que debe ser erradicado, eliminado, no hay una contaminación del cuerpo, el cuerpo ya es híbrido, contaminado, blasfematorio. Lo que existe son distintas condiciones de cada corporalidad, estas describen aditamentos necesarios para la potenciación. No hay un modo único de ser cyborg, hay siempre diferencia, siempre otredad. 
Lemebel también utiliza una estrategia que combate las políticas militarizadas médicas, la cual resuena con las estrategias cuir, esto es la apropiación de los insultos. Las maricas sidadas se reapropian de lo animal, del estigma para suturar las heridas, para hacerse otra vida posible. Algunos nombres son: La Loba, La Lui-sida, La Frunsida, La Madonna9.

Nombres adjetivos y sustantivos que se rebautizan continuamente de acuerdo al estado de ánimo, la apariencia, la simpatía, la bronca o el aburrimiento del clan sodomita siempre dispuesto a reprogramar la fiesta, a especular con la semiótica del nombre hasta el cansancio.  De esto nadie escapa, menos la hermanas sidadas, que también se catalogan en un listado paralelo que requiere triple para mantener el antídoto del humor. (Lemebel, 1997, p. 57-58)

Lemebella, (ensamble digital), realizado por Nicolás Marín (Mr. Poper), 2016.

 

Frente a la seriedad impuesta por la clínica, las travestis chilenas oponen el humor, la risa. Lo trágico de la enfermedad se desvanece. Los padecimientos que toman una fuerza descomunal estigmatizante por la narrativa bélica se debilitan. Ahora se vuelven cómicos. La nominalización ya no es la de un paciente herido, puede ser la de una diva, de un animal.
La narrativa que se inventan las maricas sidadas chilenas se desplaza de lo trágico de la enfermedad a lo glamourosidad, el significante de una muerte no deseada se desliza hacia la muerte como un acontecimiento. El cuerpo enfermo no se describe en términos de exclusión, es algo a lo que se aspira, una sidada en ese contexto es una celebridad

Ahora la muerte sidada tiene clase y categoría. Cualquiera no se despide del mundo con ese glamour hollywoodense que se llevó a Hudson, Perkins, Nureyev y Fassbinder.[…] De esa forma, las locas engalanadas con el drama han hecho de su muerte un tablao flamenco, una pasarela de la moda que se burla del ritual funerario. (Lemebel, 1997, p.73-74)

El significante se pervierte y mediante acoplamientos técnicos (brillantina, maquillaje, vestidos) la performatividad del cuerpo padeciente se transforma, su narración cambia. La creatividad para la sobre-vivencia se ve desbordada y el ingenio joteresco muta las lenguas, hace de ese estigma una singularidad.

Frente a una Lengua que se impone mediante la violencia colonial como única y propia de ciertos cuerpos, habría que oponer distintos mecanismos, técnicas, poéticas que lo creen es una singularidad en el lenguaje. Otro modo de vivir para esos que El Lenguaje intenta estigmatizar. Para esta tarea nos sirven esas lenguas menores cuir que hacen suyos lo insultos. Las mitologías cyborgs que cuestionan la conformación del cuerpo, su narrativa. Las crónicas de las maricas sidadas, el ingenio de sus palabras, la suturación de la herida a través de la risa. Frente a La Lengua hay que oponer la poética, la creatividad, la blasfemia, la mutación, la reapropiación, el hurto de sus conceptos, la sobrevivencia, la resistencia, la fuga.


Bibliografía

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Derrida, J. (1997), El monolingüismo del otro. O la prótesis del origen, Argentina, Manantial.

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Jerade, M. (2015, julio-diciembre), “El Monolingüismo del huésped”, Revista de Filosofía Moral y Política, 53, 661-677, España, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Filosofía, CSIC.

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Wittig, M. (2006), El Pensamiento heterosexual, Barcelona, Editorial Egales.


Notas

[1] Se utilizan las mayúsculas como recurso epistémico para señalar los procesos lingüísticos que se pretenden como hegemónicos.

[2] Utilizamos una “x” en frente de cuir para resaltar la agencia que hace esta teoría frente al binarismo del lenguaje, La cual trata de describir otras formas posibles de enunciación además del masculino y el femenino.

[3] Aunque para ciertas disciplinas la diferencia entre lengua y lenguaje es importante, pensamos que si llevamos estos conceptos hasta su límite difícilmente se podría sostener una división clara.

[4] A pesar de que este concepto está vinculado con la teoría queer, y como lo señalamos más adelante, es la agencia que se tiene desde el sur global a esta política. Pensamos que como proceso de descolonización, lo cuir necesita generar una autonomía epistemológica que intente explicarse en sus propios términos y no desde el norte global. Si se requiere consultar sobre lo queer: Preciado, Beatriz. Queer: historia de una palabra.  [En Línea] Artículo para Parole de queer. [Consultado el 1 de julio de 2018]  Disponible en: http://paroledequeer.blogspot.com/2012/04/queer-historia-de-una-palabra-por.html

[5] Hay toda una historia de la palabra queer y de cómo esta tiene una tensión con el lenguaje, ya que ha sido un insulto que se ha ido reapropiando. Lo podemos ver en: Preciado. Op. Cit.

[6] Palabra que utiliza Lemebel en sus crónicas para referirse a las maricas y trans con VIH/SIDA.

[7] Primer medicamento antiretroviral para las personas infectadas con VIH.

[8] Pongo estos aditamentos ya que en ciertas narrativas, como la de Lemebel, por ejemplo, no hay una diferencia clara entre el cuerpo marica y trans. 

[9] Nombres que se encuentran en las crónicas de Pedro Lemebel.


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Re-visiones - ISSN 2143-0040
 
HAR2013-43016-P I+D Visualidades críticas, reescritura de las narrativas a través de las imágenes