Re-visiones #7

Focus: Atenas

Trayendo pistas del futuro al presente
(en forma de un libro, una comida o una obra de teatro)

Conversación con Stavros Stavrides (25/09/17)
Eliana Otta

Artista, investigadora independiente y docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú

Traducción: Ana Iribas Rudín (Arte Traducciones)


Desde marzo de este año vivo en Grecia, como parte de una residencia artística organizada por Capacete (Río de Janeiro), que reunió a diez artistas latinoamericanos para convivir y trabajar con dos artistas griegos en Atenas durante nueve meses. En este contexto, Stavros Stavrides apareció en nuestras conversaciones como un referente importante para tratar de entender esta ciudad, así como para tender puentes entre las diferentes realidades latinoamericanas y las del sur Europeo.

Eliana: Has estado trabajando con la idea de los umbrales como una situación que permite a la gente compartir tiempo y espacio, librándose de las identidades fijas. Me gustaría preguntarte qué piensas de esta situación ahora mismo, en Grecia; ¿dónde encuentras estos umbrales?

Stavros: Entonces quieres alguna conexión con la idea general de los umbrales como espacios potenciales de emancipación, o al menos como espacios que ofrecen oportunidades para diferentes relaciones sociales, con las experiencias de la crisis griega actual. Creo que es interesante ver cómo se han desarrollado diferentes iniciativas en respuesta a la crisis y cómo no eran realmente lo que teníamos antes de ella, como iniciativas provenientes del movimiento anarquista o de los movimientos de izquierdas. En muchos casos, las iniciativas previas se centraban en cuestiones de organización de resistencia. La mayoría de las veces tenían orientaciones muy específicas, orientaciones explícitas hacia opciones ideológicas y de sistemas de valores. Y se basaban en prácticas que las conectaban a formas políticas de organización concretas; por lo general se tenía una identidad muy clara y reconocible. Y era más o menos parte de una lucha política explícita, usando la palabra política no en meros términos de procesos de elección, sino también otros tipos de proyectos políticos. La diferencia es que las iniciativas que comenzaron desde abajo, durante el período de la crisis, no estaban necesariamente conectadas a grupos políticos concretos, aunque muchos activistas formaban parte de ellos, y tampoco estaban conectados a identidades políticas reconocibles. Esto daba a los participantes la oportunidad de explorar áreas desconocidas como ¿qué significa colaborar? Si piensas que tienes una visión diferente sobre el futuro, o la igualdad, o las formas de trabajar juntos… Tenías, en muchos casos, experiencias genuinamente innovadoras. ¿Podríamos decir que estas experiencias tienen algo que ver con esta idea de umbral? Quizá, porque creo que no eran experiencias que se puedan describir por medio de una identidad concreta o localizando un grupo específico dentro de sus límites, dentro de su perímetro.

En muchos casos, estas iniciativas eran abiertas desde el principio, un foro, siempre en negociación con su entorno o con sus miembros. Esto crea condiciones de umbral. Lo que estoy intentando describir es exactamente esto: un pasaje, un área intermedia que no se define como lugar. Por lo general, un lugar pertenece a alguien, tiene el poder de representar la identidad de un grupo o de una persona. Así que este lugar es como el locus de una identidad, mientras que un umbral es, más o menos, un área que siempre está bajo negociación. Estas eran iniciativas-umbral y tenían reglas que no eran impuestas ni decididas de una vez para siempre; de hecho, eran creadas en el proceso. Estoy hablando, por ejemplo, de un centro cultural que fue creado por el barrio, basado en trabajo voluntario y contribuciones de la gente, no como parte de una institución, como la iglesia o cualquier tipo de servicio municipal. Hay gente que realmente está experimentando este tipo de situaciones-umbral, encontrando sus propias reglas, encontrando nuevas maneras para abordar, transformar y traducir su papel en una participación socialmente significativa en un período de crisis, en un período de necesidades.

Eliana: Quería llamar la atención sobre cómo mencionabas diferentes posibilidades de pensar sobre el futuro. En especial en este contexto de incertidumbre, ¿qué tipo de futuro puede pensarse? ¿Podemos pensar en un proceso de transformación colectiva que implique las subjetividades mutuas?

Stavros: No intentaré ser excesivamente optimista e idealizar estas experiencias. En muchos casos la necesidad es tan urgente que se impone. Alguna gente necesita esos servicios y los apoyan, sobre todo porque está en juego la cotidianeidad. Pero lo que es interesante, incluso inspirador, es que a veces, a partir de necesidades urgentes, se desarrollan nuevas formas de relaciones sociales, y estas relaciones sociales contienen el germen de una organización social diferente; contienen el futuro dentro del presente. Por ejemplo, experimentar la solidaridad, no porque creas en ella o porque tu ideología lo transmite, sino porque haces estas cosas por necesidad. A veces eso transforma la solidaridad, da valor a una idea. Ves que la solidaridad funciona, ves que te puede ayudar a sobrevivir, pero a la vez te sientes bien en estas condiciones, y también te muestran que no eres simplemente una víctima, sino que eres parte de una situación activa y viva. Estas son experiencias colectivas que te muestran que la vida puede ser de otra manera, que podemos vivir de un modo diferente. Esta es una manera de pensar sobre el futuro, aunque no subestimo intentos muy importantes de pensar el futuro, conectados a ideologías anticapitalistas concretas o contra-capitalistas y proyectos políticos. No subestimo su papel en dar forma a la lucha, en dar forma a la cotidianeidad; yo soy parte de ello. Pero lo interesante es ver a la gente descubrir en sus vidas el poder de estas ideas o el poder de esas formas de pensamiento sobre la sociedad diferente. Y creo que esto es un reto para todos los que se consideran militantes en este proyecto de emancipación social: ver cómo los valores y las potencialidades de la emancipación social se pueden demostrar hoy en día, no en el futuro como un plan de quién sabe quién. El futuro es parte de lo que vivimos; si no, sería algún tipo de vida religiosa del más allá.

Eliana: Viviendo en Atenas estos meses, me llamó la atención que no parece que haya una gran producción de obras de arte sobre la situación económica y política. Me preguntaba si quizá la gente del mundo del arte o del campo de la cultura, que podría estar interesada en eso, esté enfocando sus energías en la acción directa, en resolver problemas más urgentes colectivamente, como parte de este tipo de iniciativas. Si ese es el caso, me pregunto cómo se está percibiendo la importancia del trabajo simbólico aquí. ¿Cómo defiende el trabajo simbólico su sentido y, digamos, su derecho a existir, en este contexto? ¿Y cómo relacionas esto con tu idea de transformar la ciudad en una obra de arte?

Stavros: Este es un problema muy importante y quizá pueda conectarse con el modo en que el arte en general, y el arte público en especial, se ha desarrollado en Grecia. Estamos hablando de un campo en el que había constantes demandas de apoyo público. Grecia carece del legado histórico de la subvención pública del arte. En muchos casos los artistas dependen de redes de apoyo, si tienen suerte, o dependen totalmente de instituciones privadas, galerías o de los nuevos supermercados de la cultura, como yo los llamo, como la Fundación Onassis. Así que esto ya es una seria desventaja porque necesitamos dinero público para el arte, lo cual está bien hasta cierto punto, pero ha creado una especie de dependencia, por parte del arte comprometido, de la ‘parte buena’ del Estado. Esta tradición de dependencia en la historia reciente de Grecia después de la Segunda Guerra Mundial, de algún modo ha bloqueado, durante muchos períodos, una especie de crecimiento de la autogestión en la producción. Así que la producción, incluso la más comprometida, no era solo mediante redes autónomas. Y los que están en contra de las instituciones estatales han aparecido hace bastante poco. No estoy seguro de que exista, a una escala que pudiéramos estudiar, para ver intentos de producción de arte desde abajo, independientemente, basándose, por ejemplo, en el crowdfunding. Esto hace que sea aún más difícil para este tipo de arte estar presente en experiencias de iniciativas de barrio. Queda mucho trabajo por hacer para conectar artistas o grupos artísticos existentes con estas formas particulares de resistencia desde abajo. Puede que haya artistas deseosos de hacer esto, pero en muchos casos su atención va a estar puesta sobre todo en sus proyectos individuales y menos en ser parte de estas redes. Por eso no puedes encontrar muchas obras que expresan esas necesidades explícitamente. Y la historia de Documenta 14 es instructiva desde esta perspectiva. Hay muchas razones para criticarla pero aportó una especie de oportunidad institucional de mecenazgo para el arte disidente, lo cual es interesante. Este tipo de arte no se desarrolló mucho dentro de estas redes, pero tuvo una oportunidad para expresarse en este tipo de marco institucional, lo cual, desde luego, es muy debatible.

Por otra parte, yo añadiría esto: ¿no deberíamos llamar arte o considerar como arte varios tipos de prácticas o proyectos que están teniendo lugar en un nivel diferente, a lo largo de la ciudad, basadas en la participación amateur? En el barrio tenemos clases de baile, clases de filosofía u otras formas de participación en la producción colectiva. He visto una extraordinaria producción teatral de un grupo en Exarcheia, una iniciativa ciudadana. Han producido, entre otras cosas, una obra de teatro muy interesante llamada Penélope, una declaración muy sólida sobre la crisis de los refugiados. Así que digamos que hay un arte no oficial, el no reconocido, el arte anónimo, que también estuvo presente en la ocupación de la Plaza Syntagma. Se pueden poner objeciones a la calidad de la producción, pero de lo que estoy hablando cuando quiero repensar la ciudad como obra de arte es de percibir diversas maneras en las que la gente pueda realmente expresar sus sentimientos, sus vidas, de una forma creativa en el espacio público, en espacios comunes y compartidos.

Creo que deberíamos incluir esto si habIamos de arte. Deberíamos incluir la música que se toca en las calles, no necesariamente la música de cantantes o artistas reconocibles. Pero a veces es música que une a la gente, como se volvió a unir tras las cargas policiales en la Plaza Syntagma, siendo capaces de cantar y bailar juntos para quitarse el miedo. Ampliemos el campo del arte y veamos cómo puede realmente expresar este tipo de creatividad. Creo que la idea de Henri Lefebvre sobre la ciudad como obra de arte se basaba sobre todo en la creatividad de sus habitantes, en el modo en que producen espacios por ellos mismos y áreas de negociación, de reapropiación de la ciudad.

Eliana: En Atenas, con unas diferencias tan grandes entre barrios, ¿qué retos crees que plantea la situación de los refugiados y los migrantes con respecto al modo en que podemos experimentar juntos la ciudad? Aquí tenemos todo el rato la presencia de cuerpos en las plazas, en el espacio público. Y está también la cuestión de la traducción, que también te interesa. ¿Cómo podemos pensar estas necesidades, como las tareas colectivas y la necesidad de compartir el espacio público, como un ejercicio de traducción?

Stavros: Los migrantes venían sobre todo de los países antes llamados socialistas. Durante muchos años acudieron a Grecia buscando trabajo, intentando construir sus propias comunidades. En muchos casos no lograban encontrar casas con suficiente espacio para sus familias, así que buena parte de su vida común tenía lugar fuera de casa. Entonces, de pronto, antes de la crisis, tenías gente que introducía nueva vida en los espacios públicos, parques y zonas de juegos. Y esto fue muy, muy instructivo para nosotros. Por ejemplo, de repente, en el parque Pediaon to Aeros, uno de los más grandes que tenemos, podías incluso ver gente paquistaní o bangladesí jugando al cricket, cosa que para nosotros era casi ciencia ficción. Pero encontraron una forma de convertir esta zona, temporalmente, en un área para su propio ocio, y también en las zonas de juegos infantiles podías ver muchos tipos diferentes de gente que venían de estos países europeos, pero también de África o de países lejanos de Asia. De modo que tenías a esta gente en las zonas de juegos y sus hijos jugaban con los hijos de los residentes locales. Esto no creaba hostilidades, aunque hay propaganda Nazi, especialmente del Golden Dawn. Creo que en Grecia, en la mayoría de los casos, esto ha producido experiencias ricas para la gente. Y ahora que, con la crisis de los refugiados, esto llegó a su clímax, muchos de nosotros teníamos miedo de que esto fuera terreno fértil para la propaganda xenófoba y su retórica de racismo, pero nos ha asombrado ver lo abierta que se ha mostrado la gente y cómo hemos llegado ahí, a compartir un espacio como la Plaza Victoria, con una interacción tan interesante de la gente con estos otros que venían de otros lugares.

Un ejemplo interesante que podría mencionar es cuando dos de mis estudiantes querían hacer sus pequeñas tesis el último año. Eligieron hacerlo mediante una especie de exploración antropológica de la Plaza Victoria, uno de los primeros lugares en los que la gente se permaneció realmente durante el primer año de la crisis de los refugiados, sin ser expulsada o evacuada. Se trató de una ocupación ad hoc de la plaza. Mucha gente se quedaba allí afuera, de modo que dijeron que querían hacer trabajo de campo en la Plaza Victoria. Dije ¡vamos! Eran dos chicas jóvenes. Pensé que tendrían problemas para acercarse a la gente; no estaba seguro de que pudieran hacerlo y me pareció casi imposible. Y ellas decían que querían explorar cómo entendía esta gente el espacio público. Había gente de Persia, de Afganistán, de África. Consiguieron encontrar a alguien que las ayudara con la traducción, consiguieron hablar con las personas, abrirlas para que hablaran, porque no eran claramente conscientes del tipo de sociedad al que habían sido arrojadas. E incluso convencieron a algunas de ellas, no solo a niños sino también a señoras mayores, para que dibujaran sus ciudades de origen o sus lugares de origen. De modo que la gente está dispuesta a aprender, a tomar esta crisis como una oportunidad para la mutua fertilización de las culturas. Lo puedes hacer realmente; no es solo una aspiración.

Eliana: Es importante que esas estudiantes fueran mujeres porque para mí, cuando llegué aquí, fue casi un choque ver que el espacio público es tan masculino. La idea del umbral, ¿en qué sentido aborda no solo la injusticia social y económica sino que también propone una situación más igualitaria para las mujeres?

Stavros: Puedo mencionar varios ejemplos que he vivido en primera persona, que muestran que esta idea del umbral también tiene que ver con el empoderamiento de las mujeres o con la creación de áreas de igualdad por lo que respecta al género o a la sexualidad. Uno viene de México. He estado en algunos barrios que se autodenominan barrios autónomos, uno con 500 personas y el otro con menos de 1.000. Se estaban desarrollando mediante procesos participativos, en asambleas, en modelos para sus casas, como creando un asentamiento desde abajo, a través de un enfoque reconocido de igualdad y de reparto. El papel de las mujeres era fundamental a la hora de redefinir la casa como una disposición de espacios, poniendo la cocina en el centro, como el lugar donde se reúne la familia. No estaban reiterando la idea de la casa como una aglomeración de espacios individuales y privados: los de los niños, los de la pareja. También era interesante que la cocina se convirtiera en un umbral para la socialidad dentro de la casa y que conectara con varios umbrales del resto del asentamiento, porque estaba basado en compartir el espacio, no en crear espacios individuales. Fueron las mujeres quienes definieron las características del patio familiar porque para ellas era importante ser parte del ámbito público, estar presentes, a la vez que querían poder controlar el ámbito de la familia, ver jugar a los niños. De estos debates en las asambleas surgió un modelo de patio que tenía un límite poroso. En cierto sentido era privado, estaba gestionado privadamente por la familia, pero a la vez era parte del espacio compartido. Así que la creación de umbrales en el espacio y también de umbrales en las relaciones es un elemento fundamental en la igualdad de género. Es un elemento fundamental en el empoderamiento de las mujeres, especialmente en sociedades o en comunidades de las que no forman parte las mujeres, intentar ir más allá de una sociedad existente, para que puedan formar parte de ella y así producir nuevas formas de conocimiento sobre qué significa compartir o estar juntos. Eso lo puedes ver en Atenas: en ciertos casos la regla general quizá sea, como dijiste, una presencia masculina predominante en el espacio. Pero varios tipos de iniciativas que tenían que ver con el apoyo a los refugiados o con la creación de centros sociales y barrios, están desarrollando un proceso contrario a eso. Empoderar a las mujeres o a los niños en ese sentido puede ser parte de la cultura pública, parte de la vida pública. Está claro que no es fácil; es quizá parte del reto, parte de una lucha, pero creo que tenemos algunos indicios de que eso está empezando a suceder.

Eliana: Siempre estás pensando y trabajando con la teoría y los movimientos sociales de América Latina. ¿Hasta qué punto crees que nuestra crisis tan profunda puede dialogar con la griega o con la situación en otras partes de Europa? 

Stavros: Al principio experimentamos la esperanza en los llamados gobiernos progresistas y luego la desilusión en la mayor parte de América Latina, pero a la vez tienen mucho más énfasis en su historia reciente en la autogestión y en la organización desde abajo. Podemos aprender mucho de eso. Un pequeño ejemplo es la manera en que la experiencia de las fábricas recuperadas argentinas ha ejercido, de hecho, una gran influencia en una ocupación de una fábrica ahora activa en Grecia. También tienen experiencias interesantes relacionadas con la organización. No tenemos muchas experiencias de este tipo, en las que la gente corriente pueda realmente organizarse a sí misma para reclamar colectivamente tierras, vivienda y otros servicios. Parte de nuestra historia es una especie de primacía de la mentalidad de clase media-baja y no estamos tan divididos; solíamos estar menos divididos y segragados que las sociedades que he visto en América Latina. Grandes partes de la población eran, de hecho, excluidas de la ciudad y tenían que vivir en las periferias, en las favelas o villas miseria. Esta no ha sido mi experiencia, pero desgraciadamente la crisis está tendiendo a producir este tipo de situaciones. Está llevando a la exclusión, a que partes de la población sean expulsadas de la red de seguridad de la sociedad. Fuera la que fuera nuestra red de seguridad, teníamos algún tipo de estado de bienestar.

Tenemos las experiencias de países latinoamericanos y tenemos mucho que aprender de las decepciones de los gobiernos progresistas. ¿En qué consiste exactamente este proyecto de cambiar la sociedad desde arriba? ¿Cuáles eran las desventajas? ¿Sus desgracias o sus resultados inevitables? Y tenemos que estudiar mucho las experiencias latinoamericanas, también en términos culturales, y sus formas cotidianas de resistencia. Por eso intento conectar, leer de qué manera los teóricos y activistas de América Latina hablan de esas experiencias, porque hay mucha reflexión allí. Y desafortunadamente hay una especie de división del trabajo, en el mundo académico y en los círculos intelectuales, donde el centro, el Centro Occidental, aportaría las grandes teorías y todos los que estamos en el sur global aportaríamos los estudios de caso. Ya basta de eso; hay teoría sólida e importante que se produce en las periferias del llamado primer mundo, en India, en América Latina y en el sur de  Europa. Debemos usar esas teorías como instrumentos activos en nuestra lucha contra el neocolonialismo. Desde luego, estamos experimentando un período de colonialismo dentro de Europa; somos una colonia de deuda: así de sencillo. Así que necesitamos esta interacción, tanto en el aspecto cultural como por lo que respecta a los proyectos políticos.

Eliana: La palabra depresión se suele usar para describir la situación actual aquí, como una condición de la gente y la sociedad. ¿Tú también la usarías en este sentido?

Stavros: Sí, yo usaría este término para describir este tipo de decepción, porque la llegada de Syriza al gobierno no fue el resultado de un súbito giro a la izquierda en la sociedad. Era como si fuera la única opción para ir más allá de las medidas y políticas que estaban destruyendo nuestra vida. Mucha gente decidió votar por Syriza porque creía que este era el cambio necesario para crear medidas de protección para los más vulnerables, para proteger a la sociedad que estaba siendo destruida por esas duras políticas de austeridad. Así que el desencanto fue enorme porque ustedes, en su continente, tuvieron experimentos y experiencias muy importantes de políticas progresistas. Dieron ciertos resultados y pueden extraer algunas conclusiones de ese período. Para nosotros, este período se condensó en unos pocos meses; el desencanto fue casi instantáneo. Antes de la llegada de Syriza al poder había muchos tipos diferentes de resistencia, como la ocupación de la Plaza Syntagma y otras formas de organización desde abajo, que en muchos casos fueron muy duramente atacados por los gobiernos anteriores. Syriza parecía la última opción para ser capaces de recuperarnos. Así que hay mucha depresión en la gente, pero también hay una cierta desilusión. Y algunos tienden más a creer que, si no hacemos algo nosotros mismos y nos organizamos en resistencia, no nos ayudará ningún cambio de gobierno. Claro que está el otro lado. Algunos tienden a creer, atrapados en este dilema del sistema parlamentario, que ahora la nueva derecha sería mejor que la administración de Syriza, lo cual es, desde luego, mentira. Pero la depresión, si continúa, no dará buenos resultados.

Eliana: Hay teorías sobre cómo la depresión es una palabra que usamos para muchos síntomas diferentes y que, de hecho, la mayor parte de los casos tienen que ver con procesos no resueltos de duelo. Podría ser interesante llevar esa figura desde el individuo a lo colectivo y preguntar, si pudiera ser el caso aquí, ¿cuál sería el objeto probable de duelo? Y si hubiera una manera para hacer un proceso colectivo de duelo, ¿cómo podría ser?

Stavros: Hay varios niveles de depresión y de posible duelo. Uno de ellos es la izquierda decepcionada, la gente que creyó que la izquierda marcaría una diferencia. Y ven que la izquierda no es lo que creían que era. Algunos de ellos lo describían como una derrota para la mentalidad izquierdista. Y para esta gente hay un cierto tipo de duelo que se conecta con la caída de los llamados países socialistas y su cambio, la prevalencia de la idea de que el neoliberalismo es el único futuro posible para las sociedades.

No sé si el duelo puede tomar la forma de aceptar los problemas o si tiene que ver con comprender los cambios sociológicos de otra manera.  En muchos casos, esta gente –y yo soy parte de esta tradición, estoy saliendo de ello– se había fijado en la idea del cambio social como si fuera algo casi religioso, más allá de la existencia, mezclando esto con un cambio en el gobierno, lo cual es absolutamente absurdo.

Creer, por una parte, en un cambio total e inmenso que sucede en un período condensado de tiempo y, a la vez, creer que esto pueda suceder por medio de elecciones no tiene sentido. Así que este tipo de decepción tiene que ver con errores históricos y lógicos. El otro tipo de decepción no tiene que ver con que la gente realmente crea en la izquierda o en la perspectiva anticapitalista, sino con intentar protegerse en un período de crisis. Es una especie de desencanto que no se puede resolver con el duelo sino que tiene que conectarse con pruebas cotidianas de que la vida puede ser diferente. ¿Qué es lo que ha creado el peso mayor de esta depresión? Para la mayoría de la gente es esta idea de que incluso quienes están diciendo otra cosa están haciendo lo mismo.

¿Cómo se puede, en cierto modo, volver a creer que nuestras vidas pueden ser diferentes, no celestialmente, pero sí realmente distintas? Esta depresión se basa sobre todo en esta idea de inevitabilidad de lo que está sucediendo y no puedes liberarte de esta inevitabilidad mediante el duelo. Solo te puedes liberar si puedes ver que las cosas pueden ser de otro modo, y creo que todas estas iniciativas, tengan la dimensión que tengan y creen las condiciones que creen, son pequeñas indicaciones de eso.

El único antídoto a la depresión es encontrar maneras de experimentar diferentes formas de vida, no importa cuán provisionales sean, y para eso podemos aprender de lo que está sucediendo en diferentes partes del mundo. Podemos aprender de lo que la gente real está haciendo en nuestro país, aprender de los refugiados, de sus dramas, sus esperanzas y de la manera en que resisten. Podemos aprender de muchas cosas y de las experiencias pasadas, de períodos similares en los que el desencanto ha creado monstruos. Un país humillado o una gente humillada pueden producir resultados realmente terroríficos. No humilles a nadie: la Alemania humillada apoyó el nazismo. Y no se trata de ‘los malos’: es el apoyo lo que es terrorífico.

Eliana: Hoy en día se piensa y se escribe mucho sobre las asambleas. ¿Cómo crees que esta operación puede beneficiar a ambas actividades? ¿En qué sentido necesita la teoría a la asamblea y en qué sentido necesita la asamblea a la teoría?

Stavros: Desde luego, siempre ha habido esta dicotomía entre la práctica y la teoría, lo cual no me parece productivo. Creo que necesitamos tanto experiencias como acciones. Necesitamos la reflexión y el pensamiento sobre lo que está sucediendo y también intentar pensar por delante de lo que está sucediendo. Necesitamos ambos: necesitamos iniciativas, intentos de poner a prueba ideas y programas, pero también tenemos que repensar estos programas, repensar proyectos de emancipación humana, aprender de lo que está sucediendo y ver que la gente es creativa. Somos creativos en nuestra cotidianeidad y la crisis produce una necesidad urgente de inventar.

Así que intentemos pensar a través de estas experiencias para intentar entenderlas, pero también teorizar, generalizar algunas características, con modestia. No tener mucha certeza, a diferencia, quizá, de otros períodos en que la solíamos tener, pero la incertidumbre es productiva en muchos casos. Aprendamos de lo que está sucediendo pero también lo que está sucediendo; varias iniciativas y acciones necesitan una reflexión urgente. No bastan para explicar las posibilidades de una sociedad diferente. Necesitamos pensar sobre, comparar, idear criterios, revisar reglas, observar las condiciones bajo las que las reglas se convierten en instrumentos de acción, y creo que todos nosotros podemos contribuir a ello. No deberíamos aceptar el tipo de división del trabajo entre los que piensan y los que actúan. A veces eso nos ciega.


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Re-visiones - ISSN 2143-0040
 
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